domingo, 4 de noviembre de 2007

Clasicismo (arte y literatura)

Clasicismo

Este término se emplea, en sentido estricto, para designar el arte y la literatura de Grecia y Roma, o cualquier manifestación similar en su estilo o calidad.

En sentido estricto, un clásico es cualquier obra literaria de la antigüedad griega o romana que haya sobresalido por su excelencia artística y que se considere canon, modelo o referencia. Así, por ejemplo, se consideran clásicas las obras del poeta romano Virgilio o del dramaturgo griego Sófocles, y no la de otros escritores que hayan vivido y escrito en esa época y espacio. El periodo clásico griego abarca desde el 500 al 320 a.C., mientras que la edad de oro romana se sitúa entre el 70 a.C. y el año 18 de nuestra era.

Entre sus principales cualidades se encuentra el control consciente en el desarrollo de los temas y el sentido de ordenamiento racional y proporción formal.

Los órdenes clásicos de la arquitectura griega son el dórico, el jónico y el corintio, a los que se añaden los romanos compuesto y toscano.

Acerca del término clásico

Los términos clásico y clasicismo describen el estilo, el periodo histórico o la calidad de una obra literaria, artística o musical. Originalmente se asociaban con la cultura griega y romana, pero con el paso del tiempo también se usan para determinar los periodos clásicos, entendidos, como excelsos, de cualquier cultura. A mediados del siglo XVIII, la escena político-social europea dio origen a una nueva edad musical adecuada a las nuevas ideas iluministas (actitud de apertura mental, un método de pensamiento cientificista que cuestiona todo y pone en duda hasta los valores considerados más sagrados, todo merece ser estudiado y analizado: apertura mental del hombre).

El espíritu revolucionario y la efervescencia política tuvieron un impacto directo sobre la música, en el sentido de que la música de masas se volvió un ideal y la obligación de toda una generación de nuevos compositores, quienes comenzaban a encontrar demasiada rígidas las formas barrocas, caracterizadas por la desmesura, la extravagancia y la abundancia de motivos distintos dentro de la misma obra. Esta reacción a favor de una mayor espontaneidad, tomó diferentes aspectos en Francia, Alemania e Italia. En el primero se enfatizó la textura homofónica; en lugar de una continuidad musical, los compositores franceses compusieron combinaciones de piezas separadas. La típica composición era corta y programada.

Así se puede hablar de literatura clásica española para referirse a autores como Garcilaso de la Vega (renacentista) o Luis de Góngora (barroco). Clásicos son también en la literatura italiana Dante (siglos XIII y XIV) y Ludovico Ariosto (siglos XV y XVI). En la literatura inglesa, el cetro del clasicismo correspondería a William Shakespeare (XVI y principios del XVII); en la francesa a Moliere, Jean Baptiste Racine y Pierre Corneille, los tres de bien entrado el siglo XVII, y en la rusa el periodo clásico está representado por el realismo del siglo XIX con Fiódor Dostoievski o Liev Tolstói.

El período clásico llega a su clímax con la Escuela de Viena: Joseph Haydn, Wolfgang Amadeus Mozart y Ludwig von Beethoven.

Por lo tanto, queda claro que el término clásico se emplea principalmente para referirse al estilo o periodo de una obra creativa, reconocida como modelo artístico o como creación de relevancia y valor cultural intemporales.

Lo neoclásico

Se utiliza el término neoclásico para referirse al momento histórico en que tras el barroco se impuso la estética de los antiguos griegos y romanos y la del renacimiento más clásico, y corresponde, más o menos y según los lugares y autores, al siglo XVIII. Posteriormente, se usan indistintamente los términos clásico y neoclásico —más el primero— para referirse a cualquier estilo, periodo u obra de calidad equiparables a los modelos griegos y romanos.

Los periodos más importantes en el pensamiento y el arte occidental en los que se siguieron los principios estilísticos y estéticos del arte y la literatura de la antigüedad griega o romana fueron el renacimiento y la Ilustración, una época especialmente rica en Francia, donde se desarrolló un clasicismo literario ejemplificado en las obras de los escritores Pierre Corneille y Jean-Baptiste Racine y los filósofos René Descartes y Blaise Pascal.

El neoclasicismo español del siglo XVIII fue bastante modesto, ya que entraron en liza dos corrientes contrapuestas: los continuadores amanerados de los temas y formas del siglo de oro español y el academicismo y los imperativos ilustrados de las nuevas tendencias que venían de Francia, y que a España llegaron con la dinastía Borbón. El resultado fue una vida literaria centrada en torno a una minoría culta que se interesa por la filología o la historia más que por la literatura en sí misma. Con todo, destacan algunos nombres que si no ejercieron gran influencia en otros países, sí acercaron este gran estilo a la sociedad española; entre ellos destacan Leandro Fernández de Moratín, Benito Jerónimo Feijoo o Gaspar Melchor de Jovellanos.

Otras grandes figuras de la Ilustración europea asociadas con el clasicismo son los escritores ingleses John Dryden y Alexander Pope, y los poetas alemanes Johann Wolfgang von Goethe y Friedrich von Schiller.